Por: Marlo De León P.
Periodista

Lamentable el suceso ocurrido en las Garzas de Pacora donde fallecieron una veintena de pasajeros en un aparatoso accidente. El dolor no solo de los familiares y amigos de las víctimas fueron los únicos ya que la población panameña se conmovió ante nefasta tragedia.
Los medios periodísticos como siempre dieron que decir al buscar el mal comprendido “rating” aún sobre las emociones de los dolientes. No importa nada para estos periodistas o jefes de asignaciones, sólo documentar los sucesos lo más rápido posible para obtener la exclusiva.
Mientras esperaba la entrega de mi auto en un taller, otra clienta viendo las noticias por la televisión relacionada con el accidente se levanta indignada y señalando a la pantalla sentencio: “que les pasa a estos periodista, abriendo las llagas más de las que están”. Acababan de transmitir una entrevista a una doliente donde le preguntaban: “Ahora que ha perdido a sus familiares ¿Cómo se siente?” La clienta ofuscada abandono el salón de espera para no terminar de escuchar la torpe entrevista.
Esta típica pregunta la hemos escuchado en casi todos los sucesos trágicos en Panamá en los últimos tiempos de la voz de reconocidos periodistas hasta por supuesto, de los novatos que aún se les puede perdonar una y solamente una vez estos deslices.
El futuro es impredecible e incierto, no sabemos qué puede ocurrir en unos segundos mientras escribo estas palabras o en unas horas, días, semanas, etc. Los periodistas deben estar preparados para afrontar situaciones a un alto nivel profesional y no realizar entrevistas sin formular las preguntas previamente. Por tales motivos se escuchan en la televisión y radio las aberraciones que acabamos de describir.
Recuerdo un reportaje donde un noticiero televisivo se comprometió en llevarle apoyo a un anciano desamparado en el interior del país. Llego el día de la ayuda y aparece el reportero con un televisor en sus hombros y con un grupo de personas cargando alimentos y enseres domésticos en fila india. El anciano sale de su humilde hogar y escucha cuando el periodista lo saluda y le dice: “Señor, mire lo que le traemos” y el anciano responde: “oh, gracias por venir” con su mirada perdida en la oscuridad. Este periodista ya tenía el perfil de las necesidades del personaje por su primer reportaje. ¿Cómo se le ocurre llevarle un televisor a un ciego? ¿No sería mejor una radio? Esto le sucedió por no prepararse previamente como lo haría un verdadero profesional.
Esperar a los dolientes en la entrada de la morgue, ir a los hogares a recoger lágrimas y seguir abriendo las llagas de dolor días tras días no les avergüenza a los medios noticiosos. Cubran la noticia desde el lugar de los hechos y en el nombre de Dios, aléjense de los familiares que ya tienen mucho dolor para sobrellevar el resto de sus vidas.
Para mis colegas me gustaría compartirles unas palabras del periodista y profesor colombiano César Velásquez de la Universidad de La Sabana: “la credibilidad de un periodista se fundamenta en el respeto y defensa de los valores de los ciudadanos y de la comunidad, huye del sensacionalismo, afronta las informaciones delicadas con el máximo respeto hacia las personas, sus derechos y sensibilidades, es competente, cuidadoso, veraz y respetuoso con la ley y los derechos de las personas”. Que estas palabras reafirmen nuestros valores éticos como periodistas.
Los medios periodísticos como siempre dieron que decir al buscar el mal comprendido “rating” aún sobre las emociones de los dolientes. No importa nada para estos periodistas o jefes de asignaciones, sólo documentar los sucesos lo más rápido posible para obtener la exclusiva.
Mientras esperaba la entrega de mi auto en un taller, otra clienta viendo las noticias por la televisión relacionada con el accidente se levanta indignada y señalando a la pantalla sentencio: “que les pasa a estos periodista, abriendo las llagas más de las que están”. Acababan de transmitir una entrevista a una doliente donde le preguntaban: “Ahora que ha perdido a sus familiares ¿Cómo se siente?” La clienta ofuscada abandono el salón de espera para no terminar de escuchar la torpe entrevista.
Esta típica pregunta la hemos escuchado en casi todos los sucesos trágicos en Panamá en los últimos tiempos de la voz de reconocidos periodistas hasta por supuesto, de los novatos que aún se les puede perdonar una y solamente una vez estos deslices.
El futuro es impredecible e incierto, no sabemos qué puede ocurrir en unos segundos mientras escribo estas palabras o en unas horas, días, semanas, etc. Los periodistas deben estar preparados para afrontar situaciones a un alto nivel profesional y no realizar entrevistas sin formular las preguntas previamente. Por tales motivos se escuchan en la televisión y radio las aberraciones que acabamos de describir.
Recuerdo un reportaje donde un noticiero televisivo se comprometió en llevarle apoyo a un anciano desamparado en el interior del país. Llego el día de la ayuda y aparece el reportero con un televisor en sus hombros y con un grupo de personas cargando alimentos y enseres domésticos en fila india. El anciano sale de su humilde hogar y escucha cuando el periodista lo saluda y le dice: “Señor, mire lo que le traemos” y el anciano responde: “oh, gracias por venir” con su mirada perdida en la oscuridad. Este periodista ya tenía el perfil de las necesidades del personaje por su primer reportaje. ¿Cómo se le ocurre llevarle un televisor a un ciego? ¿No sería mejor una radio? Esto le sucedió por no prepararse previamente como lo haría un verdadero profesional.
Esperar a los dolientes en la entrada de la morgue, ir a los hogares a recoger lágrimas y seguir abriendo las llagas de dolor días tras días no les avergüenza a los medios noticiosos. Cubran la noticia desde el lugar de los hechos y en el nombre de Dios, aléjense de los familiares que ya tienen mucho dolor para sobrellevar el resto de sus vidas.
Para mis colegas me gustaría compartirles unas palabras del periodista y profesor colombiano César Velásquez de la Universidad de La Sabana: “la credibilidad de un periodista se fundamenta en el respeto y defensa de los valores de los ciudadanos y de la comunidad, huye del sensacionalismo, afronta las informaciones delicadas con el máximo respeto hacia las personas, sus derechos y sensibilidades, es competente, cuidadoso, veraz y respetuoso con la ley y los derechos de las personas”. Que estas palabras reafirmen nuestros valores éticos como periodistas.
Estoy completamente de acuerdo con el periodista. No se debe usar el dolor ajeno para sacarle provecho a las noticias.
ResponderEliminarYa es hora de que en este país los periódistas, mejoren su imagen, no pueden seguir haciendo entrevistas y comentarios sin ningún sentido cuando le dan seguimiento a este tipo de noticias.
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